Título / Title:
Mao Tsetung | Poems
Año / Year:
1976
Descripción / Description:
Publicación impresa, no periódica
Dimensiones / Dimensions:
21.4 h x 13.4 w cm
Lugar de procedencia / Origin:
Beijing, China
Notas:
1era edición en lengua inglesa

Alrededor de una década atrás me encontré por casualidad con Redoble lento por la muerte de Stalin, un poema atípico escrito en 1953 por Rafael Alberti, acérrimo militante comunista e indiscutiblemente uno de los más grandes poetas de las letras españolas del siglo XX.

Fue escrito como una elegía a la memoria del dictador georgiano, precediendo a la casi inmediata e implacable operación de desestalinización implementada por Khruschev, reconocida de manera oficial en el célebre discurso secreto pronunciado a puerta cerrada el 23 de febrero de 1956 durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Es parte de un infame grupo de textos laudatorios dedicados a Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, el nombre de nacimiento del sangriento tirano, entre los cuales figuran también aportaciones de Miguel Hernández y Pablo Neruda. A pesar de su dudosa filiación ideológica, los versos destacan tanto por su delicadeza como por una soterrada ceguera ante los abusos perpetrados por su régimen, entre los cuáles se recuerda precisamente la Noche de los Poetas Asesinados, llevada a cabo en Lubyanka en agosto de 1952.

Cito algunos de mis fragmentos preferidos:

No ha muerto Stalin. No has muerto.
Que cada lágrima cante
tu recuerdo.
Que cada gemido cante
tu recuerdo.
Tu pueblo tiene tu forma,
su voz tu viril acento.

(…)

Sus piedras llevan tu nombre,
sus construcciones tu sueño.
No has muerto.

No hay mares donde no habites,
ríos donde no estés dentro.
No has muerto.

Campos en donde tus manos
abiertas no se hayan puesto.
No has muerto.

Cielos por donde no cruce
como un sol tu pensamiento.
No has muerto.

No hay ciudad que no recuerde
tu nombre cuando era fuego.

Stalin mismo escribió poesía esporádicamente y de algunos de estos textos aún consta registro. No así Mao Tse-Tung, que fue un prolífico poeta auto-publicado, como da fe esta primera edición en lengua inglesa, encuadernada en tela púrpura con texto exterior en tinta dorada, editada por la Foreign Language Press de Beijing en 1976, año de la muerte del ideólogo chino.

Dentro de mi biblioteca se encuentran dos copias idénticas de ese ejemplar en condición extraordinaria. Adquirí ambos tomos disponibles con la idea tal vez de hacer una escultura o intervenir estos objetos de alguna manera. No sucede aún, pero no descarto la posibilidad a pesar de que han pasado años desde que llegaron a mis manos. Por el momento, se encuentran al lado de un puñado de volúmenes de la poesía escrita por dictadores de distintas épocas, dedicada a sus regímenes o incluso, textos poéticos de la autoría de escritores suprimidos por las purgas usuales de esas épocas, que he ido acumulando lentamente desde que escuché por primera vez aquella voz que, en palabras de Alberti, cruzó las horas oscuras de la noche, la madrugada, el día, los extensoscrepúsculos, todo lo austral y nórdico que comprende la tierra, para anunciarnos tristemente que José Stalin había muerto.

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